Nuevo orden económico mundial
El caso China
Finalizado el primer semestre y tras conocerse las cifras del PIB de las principales economías a nivel global, se vino una noticia que sacudió el mundo económico: “China desplazó a Japón como la segunda economía mundial, ubicándose por debajo de los Estados Unidos”.
La conquista de espacios por parte de China en el escenario internacional y que le ha venido a cambiar el rostro al orden económico reciente, no es casualidad, es un hecho anunciado con un punto de partida: “La reforma económica y apertura al exterior promulgada en 1978 por Deng Xiaoping”.
Una de las medidas más relevantes en el marco de dicha apertura, fue la creación de la zona económica especial de Shenzhen en 1980, un pueblo de pescadores que se convirtió en una gigantesca metrópolis receptora de inversiones, y en símbolo de lo que el presidente Hu Jintao calificó la semana pasada como el “milagro chino”, en el marco del 30 aniversario de dicho evento.
Fue justamente a partir de tal hecho, que la actividad económica del país asiático entró ininterrumpidamente en sostenida expansión. El resultado ha sido un crecimiento económico del 25.8% de media en Shenzen, contra un promedio de 9% para el conjunto de China en los últimos 30 años, algo contra lo cual los japoneses que estaban detrás de los Estados Unidos desde 1970, no pudieron competir.
En el preámbulo del logro económico reciente (convertirse en la segunda economía del mundo), luego de haber implementado el modelo de Shenzhen a otras ciudades, los chinos dejaron atrás a Alemania como primer exportador del mundo, se convirtieron en el primer mercado del automóvil y también en el principal productor de acero.
A lo anterior se agrega que, además de acumular las mayores reservas de divisas del mundo (unos US$ 2.45 billones), dicho país es el principal acreedor de los Estados Unidos.
Un dato más, mientras que el comercio mundial se multiplicó por 20 entre 1970 y 2002, el de China lo hizo por 140, lo que propició su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 por la puerta grande (como un miembro distinguido), transformándose desde esa misma fecha, en el mayor receptor de inversión extranjera directa, lo que le evita recurrir al endeudamiento externo para financiar su crecimiento.
La inversión extranjera a su vez, dominada por las multinacionales que llegan al lugar donde producir es 30% más barato que en EE.UU. y Europa, se ha canalizado en la pujanza del sector construcción, que durante el 2009 acaparó el 40% del cemento mundial, y el 20% del aluminio.
Durante el bienio 2008-2009, cuando la crisis financiera se asentó sobre gran parte del mundo, mientras el resto del mundo pensaba en políticas proteccionistas para evitar el quiebre de las empresas y la desestabilización de los gobiernos, los chinos pensaban en invertir. Es más, según estimaciones del FMI, China lleva una década siendo el país que más contribuye al crecimiento económico mundial.
Hace 30 años la participación de China en el PIB global no llegaba ni al 3%, una cifra muy distante del 13% reportado en la actualidad y que denota su papel como locomotora mundial.
En la China de la actualidad los cambios son a todo nivel (económico, político y social), todo es grande (como el southchinamall, el centro comercial más grande del mundo), todo es rápido (como su tren bala que viaja a 390km por hora).
Según un estudio del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), el centro de estudios a largo plazo de la CIA, China se está convirtiendo a pasos acelerados en una potencia mundial, y será el principal rival económico, político y militar de los Estados Unidos en el año 2020. Al igual que ocurrió con Alemania a principios del siglo XIX y con los Estados Unidos a principios del siglo XX, China e India transformarán el panorama geopolítico del mundo.
Durante el 2009, como ha ocurrido desde hace más de 100 años Estados Unidos fue el primer productor industrial del mundo, sin embargo, esa hegemonía ya tiene los días contados, pues bajo las circunstancias actuales, todo apunta a que para el próximo año China se convertirá en la mayor fuerza industrial del planeta.
Efectivamente, los cambios en China están afectando positivamente todas las áreas, y la estructura económica no es la excepción. Mientras que en 1970 el 42% del PIB correspondía a la industria, el 40% a la agricultura y el 18% a los servicios, actualmente la agricultura aporta un 11.7%, la industria 49.2% y los servicios el 39.1%. Esto demuestra cómo China ha hecho un esfuerzo de industrialización en los últimos 30 años.
Así pues, desde que fue lanzada la política de reforma y apertura de China en 1978, el PIB de dicho país ha venido en ascenso. Superó al de Gran Bretaña y Francia en el 2005, al de Alemania en el 2008, semanas atrás al de Japón, y entre 15 ó 25 años, dejará atrás al de Estados Unidos para dar lugar, otra vez, a un nuevo orden económico mundial.
La conquista de espacios por parte de China en el escenario internacional y que le ha venido a cambiar el rostro al orden económico reciente, no es casualidad, es un hecho anunciado con un punto de partida: “La reforma económica y apertura al exterior promulgada en 1978 por Deng Xiaoping”.
Una de las medidas más relevantes en el marco de dicha apertura, fue la creación de la zona económica especial de Shenzhen en 1980, un pueblo de pescadores que se convirtió en una gigantesca metrópolis receptora de inversiones, y en símbolo de lo que el presidente Hu Jintao calificó la semana pasada como el “milagro chino”, en el marco del 30 aniversario de dicho evento.
Fue justamente a partir de tal hecho, que la actividad económica del país asiático entró ininterrumpidamente en sostenida expansión. El resultado ha sido un crecimiento económico del 25.8% de media en Shenzen, contra un promedio de 9% para el conjunto de China en los últimos 30 años, algo contra lo cual los japoneses que estaban detrás de los Estados Unidos desde 1970, no pudieron competir.
En el preámbulo del logro económico reciente (convertirse en la segunda economía del mundo), luego de haber implementado el modelo de Shenzhen a otras ciudades, los chinos dejaron atrás a Alemania como primer exportador del mundo, se convirtieron en el primer mercado del automóvil y también en el principal productor de acero.
A lo anterior se agrega que, además de acumular las mayores reservas de divisas del mundo (unos US$ 2.45 billones), dicho país es el principal acreedor de los Estados Unidos.
Un dato más, mientras que el comercio mundial se multiplicó por 20 entre 1970 y 2002, el de China lo hizo por 140, lo que propició su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 por la puerta grande (como un miembro distinguido), transformándose desde esa misma fecha, en el mayor receptor de inversión extranjera directa, lo que le evita recurrir al endeudamiento externo para financiar su crecimiento.
La inversión extranjera a su vez, dominada por las multinacionales que llegan al lugar donde producir es 30% más barato que en EE.UU. y Europa, se ha canalizado en la pujanza del sector construcción, que durante el 2009 acaparó el 40% del cemento mundial, y el 20% del aluminio.
Durante el bienio 2008-2009, cuando la crisis financiera se asentó sobre gran parte del mundo, mientras el resto del mundo pensaba en políticas proteccionistas para evitar el quiebre de las empresas y la desestabilización de los gobiernos, los chinos pensaban en invertir. Es más, según estimaciones del FMI, China lleva una década siendo el país que más contribuye al crecimiento económico mundial.
Hace 30 años la participación de China en el PIB global no llegaba ni al 3%, una cifra muy distante del 13% reportado en la actualidad y que denota su papel como locomotora mundial.
En la China de la actualidad los cambios son a todo nivel (económico, político y social), todo es grande (como el southchinamall, el centro comercial más grande del mundo), todo es rápido (como su tren bala que viaja a 390km por hora).
Según un estudio del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), el centro de estudios a largo plazo de la CIA, China se está convirtiendo a pasos acelerados en una potencia mundial, y será el principal rival económico, político y militar de los Estados Unidos en el año 2020. Al igual que ocurrió con Alemania a principios del siglo XIX y con los Estados Unidos a principios del siglo XX, China e India transformarán el panorama geopolítico del mundo.
Durante el 2009, como ha ocurrido desde hace más de 100 años Estados Unidos fue el primer productor industrial del mundo, sin embargo, esa hegemonía ya tiene los días contados, pues bajo las circunstancias actuales, todo apunta a que para el próximo año China se convertirá en la mayor fuerza industrial del planeta.
Efectivamente, los cambios en China están afectando positivamente todas las áreas, y la estructura económica no es la excepción. Mientras que en 1970 el 42% del PIB correspondía a la industria, el 40% a la agricultura y el 18% a los servicios, actualmente la agricultura aporta un 11.7%, la industria 49.2% y los servicios el 39.1%. Esto demuestra cómo China ha hecho un esfuerzo de industrialización en los últimos 30 años.
Así pues, desde que fue lanzada la política de reforma y apertura de China en 1978, el PIB de dicho país ha venido en ascenso. Superó al de Gran Bretaña y Francia en el 2005, al de Alemania en el 2008, semanas atrás al de Japón, y entre 15 ó 25 años, dejará atrás al de Estados Unidos para dar lugar, otra vez, a un nuevo orden económico mundial.




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