El volcán de Pacaya
Ubicado a escasos 50 kilómetros de la ciudad capital, el volcán Pacaya es por excelencia uno de los principales atractivos turísticos de Guatemala.La altura del coloso se estima alrededor de 2,500 metros, sin embargo, no es un dato del todo certero, pues dado que es un volcán activo, las erupciones modifican su forma constantemente.
El ascenso se puede hacer a través de diferentes puntos, por ejemplo, desde San Vicente Pacaya (el más frecuentado y recomendado al turismo), así como por otros menos explorados, como el caso de la aldea El Patrocinio (espectaculares panorámicas del cono del volcán y acceso directo por lava petrificada).
En el caso de San Vicente Pacaya, pese a que la topografìa del terreno requiere de cierto esfuerzo físico desde el inicio, los primeros minutos del ascenso la naturaleza se muestra amable.
Esto, gracias a la presencia de un bosque, cuyos árboles ofrecen un clima agradable y sombreado en medio de un paisaje verde, pero que, radicalmente, es sustituído por otro de color gris. El mismo, es un desierto generado por toneladas de lava petrificada que conducen hacia el cono Mackeney (el pico más alto del coloso).La caminata se hace larga y lenta, pues aunque en algunas partes del trayecto, la lava petrificada es sólida, en otras no tanto, a extremos que los pies se hunden en la misma y se producen resbalones que dan como resultado, que a veces se avance un paso y se retrocedan tres.
¡Qué importa! digo yo, sobre todo cuando se observa a tantos turistas provenientes de todas partes del mundo con el afán de ver la lava, algunos incluso, con un historial de paseo por los cinco continentes, y que afirman no haber disfrutado de una experiencia
similar.Repentinamente la tierra se mueve, un retumbo sacude las faldas del volcán (y mis nervios también), pero pronto pasa el susto y vuelve a la cabeza la idea de seguir hacia la cima; eso si, desafiando el calor que se intensifica en cada paso. Es seña de que la lava está cerca y el riesgo de morir quemado también.
Las piedras arden, la mayoría a niveles que obligan a retroceder (bueno, solo para tomar otra ruta que lleve de manera más segura hacia la lava).
El calor sobre la cara, pasa inadvertido que la suela de los tenis se está fundiendo. No es para menos, el suelo tiene grietas, la tierra está sangrando ¡Dios mio, estoy caminando sobre la lava!.




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