50 años buscando la integración centroamericana
Este año se conmemora el 50 aniversario del proceso de integración centroamericana, un proceso cuyo surgimiento, es casi paralelo al emprendido por Europa en el año de 1957.
Cinco décadas después de buscar el añorado sueño de la integración en ambas regiones, en Europa es una realidad la actuación conjunta de 27 naciones, mientras que en Centroamérica, la integración continúa siendo un sueño.
Los inicios del proceso
El proceso de integración en Centroamérica, tuvo como antecedente desde el siglo pasado, la conformación de las denominadas Provincias Unidas de Centroamérica en 1821, a través de la cual se unieron los 5 países del istmo. No obstante, esta iniciativa no logró consolidar el poder y terminó desapareciendo, ante la deserción de las autoridades locales de los Estados.
Haciendo un salto en el tiempo y pasando al siglo XX, al igual que la Unión Europea, Centroamérica identificó desde principios de los años 50, la integración de sus economías como instrumento para promover el desarrollo de sus pueblos. Fue así como en 1956 se da vida a la Organización de los Estados Centroamericanos (ODECA), cuyo trabajo fue un antecedente directo hacia la creación del Mercado Común Centroamericano (MCCA) en diciembre de 1960 y que inicia el proceso integracionistas de manera institucionalizada, mediante la firma del Tratado General de Integración Económica, en la ciudad de Managua, Nicaragua.
De acuerdo con un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desde el principio del proceso fue primordial el aspecto institucional de la integración, para lo cual se creó el Consejo Económico Centroamericano, el Consejo Ejecutivo y la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA).
Después de problemas suscitados en los últimos años de la década del 60, la SIECA fue la única que se mantuvo, para perfilarse con el paso de los años, como el organismo más importante para la integración centroamericana, teniendo desde su creación, la responsabilidad de velar por la correcta aplicación del Tratado y de todos los instrumentos multilaterales y bilaterales vigentes entre los Estados miembros; además de ser un organismo técnico que hace estudios e investigaciones para apoyar las decisiones de los países.
Crisis y revitalización de la integración
Pese a los anhelos latentes de una Centroamérica unida, los últimos cincuenta años del proceso han estado marcados por una serie de uniones y desuniones.
Al conflicto bélico entre El Salvador y Honduras, que significó el rompimiento del esquema de integración propuesto desde 1960, se fue sumando la crisis económica de los ochenta y los conflictos armados internos en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
El más reciente obstáculo a la integración fue la crisis política hondureña que en junio pasado depuso en Honduras a Manuel Zelaya, una situación que paralizó las negociaciones con la Unión Europea para un Acuerdo de Asociación (concluidas recientemente), y ocasionó el cierre de fronteras en países vecinos.
A decir de la OIT, durante la primera parte de los años ochenta, bien puede decirse que la crisis de los países centroamericanos fue tan grave que el tema de la integración, no fue prioridad para ningún país. La política económica del momento se basó en la defensa de los diferentes sectores nacionales, aumentando los niveles de protección y las barreras no arancelarias. En la práctica, la solución de los conflictos armados era un requisito indispensable para retomar el tema de la integración, más que los factores económicos. En la segunda mitad de los años ochenta, el tema de la integración centroamericana recuperó una posición central en la agenda política de la subregión. El proceso de Esquipulas I y II diseñado para pacificar la región, vino a darle revitalización al proceso integrador.
En 1991, surge el Parlamento Centroamericano, al mismo se sumó el Sistema de la Integración Centroamericana, el SICA, que le viene a dar una visión integral al esquema de integración. Un año después surge la Corte Centroamericana de Justicia, por lo que el sueño de la integración comienza a tomar forma nuevamente e inicia un camino que sin bien es cierto no ha redundado en la integración plena, ha generado avances sin precedentes hacia la consecución de tal objetivo.
De acuerdo con un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), los procesos de integración en Centroamérica no están exentos de los retos, desafíos y paradojas políticas, económicas, sociales e institucionales a las que se enfrentan los demás esquemas de integración latinoamericana.
La integración del Istmo se presenta como respuesta para enfrentar los retos internacionales de la globalización, toda vez que pueda constituirse en instrumento que aproveche, como bloque, las ventajas económicas y políticas que ello implica. Esto, en una mirada regional, significa que deben dejarse de lado visiones y algunos intereses particulares de cada país.
La multidimensionalidad que caracteriza los procesos de integración, obliga a pensar en determinaciones que van más allá de lo económico, para pensar en propuestas que obedezcan aspectos políticos, económicos, sociales y de cooperación. La complementariedad entre los distintos niveles de integración es compleja; las agendas subregionales, regionales, hemisféricas y globales abordan y ponen diferentes énfasis en diversos aspectos. Se hace necesario fomentar espacios comunitarios, con esfuerzos de concertación, y la construcción de visiones compartidas, que logren la implementación de agendas estratégicas orientadas al desarrollo y bienestar de las naciones centroamericanas.
En todo caso, y más allá de cualquier recomendación que se haga, lo cierto es que la integración centroamericana continúa siendo, ante todo, una aspiración de mediano plazo cuya concreción (en términos absolutos) no es previsible. Si lo es, sin embargo, un proceso más gradual de acercamiento y cooperación crecientes entre los miembros del Sistema de Integración Centroamericano (SICA).
50 años después
Durante el proceso reciente de integración, no cabe duda que el mismo ha transmitido avances sin precedentes durante la última década. En ese marco, el proceso ha avanzado muy rápidamente, y se percibe un serio compromiso de parte de todos los gobiernos de lograr la integración económica, ya sea por cuenta propia, o porque así lo demanda el nuevo orden mundial. Indiscutiblemente esto es un gran logro, pues si algo le ha hecho contrapeso a la integración a lo largo de su historia, ha sido la política, como lamentablemente lo dejó ver la crisis suscitada en Honduras.
De acuerdo con la SIECA, hasta el momento hay una armonización arancelaria del 94% de los bienes, quedando pendiente de discutirse el restante 6%, entre gobierno y sector privado.
A la fecha ya se ha suscrito el convenio de creación de la visa única centroamericana, la libre movilidad de extranjeros entre Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, a la vez que se ha iniciado la emisión del pasaporte centroamericano.
No obstante los retos todavía son amplios, y entre los mismos se puede citar la instalación de instituciones regionales supranacionales con funciones vinculantes, una participación más decidida de Costa Rica (y eventualmente de Panamá), la construcción de una identidad regional y una política comercial común.
En el último de los temas, el dinamismo de los TLC y el comercio intrarregional han jugado un papel relevante para hacerlo avanzar. Al respecto, las demandas de la globalización, en donde una política exterior comprometida con la apertura comercial es una prioridad, ha llevado a las economías centroamericanas a involucrarse exitosamente en el escenario internacional.
Si bien es cierto en la mayoría de los casos se ha trabajado de manera individual, a partir del TLC suscrito con México por parte del Triángulo del Norte (y que hoy se busca homogenizar con toda Centroamérica), los países que integran la región descubrieron el potencial y los beneficios de trabajar en conjunto. La firma del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, así como las negociaciones con la Unión Europea y las que han empezado a estudiarse con Perú, dan fe de tal hecho.
En lo que es propiamente el comercio, la tasa de crecimiento promedio anual de 1960 al cierre del 2008 es del 11.7%, al pasar de US$ 30.3 millones a US$ 6,313 millones. Este comportamiento es muy superior al mostrado por las exportaciones con destino a otros mercados del mundo, las cuales para el mismo periodo crecieron a una tasa de 7.8% promedio anual.
Cinco décadas después de buscar el añorado sueño de la integración en ambas regiones, en Europa es una realidad la actuación conjunta de 27 naciones, mientras que en Centroamérica, la integración continúa siendo un sueño.
Los inicios del proceso
El proceso de integración en Centroamérica, tuvo como antecedente desde el siglo pasado, la conformación de las denominadas Provincias Unidas de Centroamérica en 1821, a través de la cual se unieron los 5 países del istmo. No obstante, esta iniciativa no logró consolidar el poder y terminó desapareciendo, ante la deserción de las autoridades locales de los Estados.
Haciendo un salto en el tiempo y pasando al siglo XX, al igual que la Unión Europea, Centroamérica identificó desde principios de los años 50, la integración de sus economías como instrumento para promover el desarrollo de sus pueblos. Fue así como en 1956 se da vida a la Organización de los Estados Centroamericanos (ODECA), cuyo trabajo fue un antecedente directo hacia la creación del Mercado Común Centroamericano (MCCA) en diciembre de 1960 y que inicia el proceso integracionistas de manera institucionalizada, mediante la firma del Tratado General de Integración Económica, en la ciudad de Managua, Nicaragua.
De acuerdo con un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desde el principio del proceso fue primordial el aspecto institucional de la integración, para lo cual se creó el Consejo Económico Centroamericano, el Consejo Ejecutivo y la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA).
Después de problemas suscitados en los últimos años de la década del 60, la SIECA fue la única que se mantuvo, para perfilarse con el paso de los años, como el organismo más importante para la integración centroamericana, teniendo desde su creación, la responsabilidad de velar por la correcta aplicación del Tratado y de todos los instrumentos multilaterales y bilaterales vigentes entre los Estados miembros; además de ser un organismo técnico que hace estudios e investigaciones para apoyar las decisiones de los países.
Crisis y revitalización de la integración
Pese a los anhelos latentes de una Centroamérica unida, los últimos cincuenta años del proceso han estado marcados por una serie de uniones y desuniones.
Al conflicto bélico entre El Salvador y Honduras, que significó el rompimiento del esquema de integración propuesto desde 1960, se fue sumando la crisis económica de los ochenta y los conflictos armados internos en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
El más reciente obstáculo a la integración fue la crisis política hondureña que en junio pasado depuso en Honduras a Manuel Zelaya, una situación que paralizó las negociaciones con la Unión Europea para un Acuerdo de Asociación (concluidas recientemente), y ocasionó el cierre de fronteras en países vecinos.
A decir de la OIT, durante la primera parte de los años ochenta, bien puede decirse que la crisis de los países centroamericanos fue tan grave que el tema de la integración, no fue prioridad para ningún país. La política económica del momento se basó en la defensa de los diferentes sectores nacionales, aumentando los niveles de protección y las barreras no arancelarias. En la práctica, la solución de los conflictos armados era un requisito indispensable para retomar el tema de la integración, más que los factores económicos. En la segunda mitad de los años ochenta, el tema de la integración centroamericana recuperó una posición central en la agenda política de la subregión. El proceso de Esquipulas I y II diseñado para pacificar la región, vino a darle revitalización al proceso integrador.
En 1991, surge el Parlamento Centroamericano, al mismo se sumó el Sistema de la Integración Centroamericana, el SICA, que le viene a dar una visión integral al esquema de integración. Un año después surge la Corte Centroamericana de Justicia, por lo que el sueño de la integración comienza a tomar forma nuevamente e inicia un camino que sin bien es cierto no ha redundado en la integración plena, ha generado avances sin precedentes hacia la consecución de tal objetivo.
De acuerdo con un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), los procesos de integración en Centroamérica no están exentos de los retos, desafíos y paradojas políticas, económicas, sociales e institucionales a las que se enfrentan los demás esquemas de integración latinoamericana.
La integración del Istmo se presenta como respuesta para enfrentar los retos internacionales de la globalización, toda vez que pueda constituirse en instrumento que aproveche, como bloque, las ventajas económicas y políticas que ello implica. Esto, en una mirada regional, significa que deben dejarse de lado visiones y algunos intereses particulares de cada país.
La multidimensionalidad que caracteriza los procesos de integración, obliga a pensar en determinaciones que van más allá de lo económico, para pensar en propuestas que obedezcan aspectos políticos, económicos, sociales y de cooperación. La complementariedad entre los distintos niveles de integración es compleja; las agendas subregionales, regionales, hemisféricas y globales abordan y ponen diferentes énfasis en diversos aspectos. Se hace necesario fomentar espacios comunitarios, con esfuerzos de concertación, y la construcción de visiones compartidas, que logren la implementación de agendas estratégicas orientadas al desarrollo y bienestar de las naciones centroamericanas.
En todo caso, y más allá de cualquier recomendación que se haga, lo cierto es que la integración centroamericana continúa siendo, ante todo, una aspiración de mediano plazo cuya concreción (en términos absolutos) no es previsible. Si lo es, sin embargo, un proceso más gradual de acercamiento y cooperación crecientes entre los miembros del Sistema de Integración Centroamericano (SICA).
50 años después
Durante el proceso reciente de integración, no cabe duda que el mismo ha transmitido avances sin precedentes durante la última década. En ese marco, el proceso ha avanzado muy rápidamente, y se percibe un serio compromiso de parte de todos los gobiernos de lograr la integración económica, ya sea por cuenta propia, o porque así lo demanda el nuevo orden mundial. Indiscutiblemente esto es un gran logro, pues si algo le ha hecho contrapeso a la integración a lo largo de su historia, ha sido la política, como lamentablemente lo dejó ver la crisis suscitada en Honduras.
De acuerdo con la SIECA, hasta el momento hay una armonización arancelaria del 94% de los bienes, quedando pendiente de discutirse el restante 6%, entre gobierno y sector privado.
A la fecha ya se ha suscrito el convenio de creación de la visa única centroamericana, la libre movilidad de extranjeros entre Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, a la vez que se ha iniciado la emisión del pasaporte centroamericano.
No obstante los retos todavía son amplios, y entre los mismos se puede citar la instalación de instituciones regionales supranacionales con funciones vinculantes, una participación más decidida de Costa Rica (y eventualmente de Panamá), la construcción de una identidad regional y una política comercial común.
En el último de los temas, el dinamismo de los TLC y el comercio intrarregional han jugado un papel relevante para hacerlo avanzar. Al respecto, las demandas de la globalización, en donde una política exterior comprometida con la apertura comercial es una prioridad, ha llevado a las economías centroamericanas a involucrarse exitosamente en el escenario internacional.
Si bien es cierto en la mayoría de los casos se ha trabajado de manera individual, a partir del TLC suscrito con México por parte del Triángulo del Norte (y que hoy se busca homogenizar con toda Centroamérica), los países que integran la región descubrieron el potencial y los beneficios de trabajar en conjunto. La firma del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, así como las negociaciones con la Unión Europea y las que han empezado a estudiarse con Perú, dan fe de tal hecho.
En lo que es propiamente el comercio, la tasa de crecimiento promedio anual de 1960 al cierre del 2008 es del 11.7%, al pasar de US$ 30.3 millones a US$ 6,313 millones. Este comportamiento es muy superior al mostrado por las exportaciones con destino a otros mercados del mundo, las cuales para el mismo periodo crecieron a una tasa de 7.8% promedio anual.




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