28 agosto 2007

Panzós, Alta Verapaz

Sin duda alguna, entre los departamentos que han sido bendecidos por albergar lugares naturales de gran atractivo, destaca el departamento de Alta Verapaz. Esta vez la visita me lleva hacia el recóndito municipio de Panzós, no sin antes hacer paradas en otros pueblos del lugar.

La travesía
Salimos con otras tres personas a las 5am de la mañana de la capital y enfilamos hacia la carretera al atlántico, para luego cruzar en el rancho por el camino que conduce a Cobán. El tiempo pasa rápido y cuando menos siento, el vehículo deja de lado el asfalto y se interna en una carretera de terracería en el cruce de San Julián; minutos después nos detenemos frente a una enorme poza natural y cristalina (no hemos desayunado), a sacar los sandwichs y el café.
A partir de ese momento queda atrás el bullicio, la contaminación y muchos otros defectos que encierra el desarrollo de la ciudad, para comenzar a sentirme en pleno contacto con la naturaleza.
La travesía debe continuar y si bien es cierto por momentos se siente eterna, no quiero que finalice. Cada kilómetro avanzado es un paisaje natural con su propio matiz en donde acabo de ver un venado en su hábitat natural y lo que menos falta es el agua que cae desde las montañas y emerge desde la tierra pues hay nacimientos por todos lados. Estoy en la tierra del Polochic y del Cahabón.
Pasamos el primero de los poblados y es una oportunidad más para atestiguar la cordialidad de los guatemaltecos en el interior de la República que nos saludan a nuestro paso. Este pueblo se llama Tamahú me dice uno de mis acompañantes, luego vino Tucurú, al que le sigue Santa Catarina La Tinta y hacemos una parada unos kilómetros más adelante en Telemán.
Bajo del vehículo y antes de ir a la tienda para tomarme una “agua” como le decimos a las gaseosas en Guatemala, regreso unos cuantos metros para ver algo que llamó mi atención. Vaya!, es un coche de monte (Jabalí), sin embargo, sus captores no muestran el mismo beneplácito que yo cuando lo ven, pues me indican que se comen sus siembras. Ni modo deben decir, capitalino...jejeje.
Ahora ya solo me queda pasar por Sta. Rosita para llegar a mi destino final que me da la bienvenida con un clima cálido. Al costado del camino veo dentro de las fincas inmensas extensiones en las que siembran arroz. Al mismo tiempo me causa tanta frustración ver los árboles repletos de naranjas, sin ningún uso más que para el consumo doméstico, pues el acceso al lugar es casi restringido por lo lejano y el estado del camino; la comercialización no es rentable. Qué pecado, tendré que pasar comiendo naranjas durante dos días.
Como contraparte, para mí, lo recóndito del lugar es precisamente lo que le da el toque de magia a mi lugar de albergue al que por cierto, ¡ya llegué!.

En Panzós
Dejo mis cosas en la casa donde me darán posada y como es natural salgo a hacer mi primer recorrido para familiarizarme con la zona. Desde la esquina de la casa puedo ver la plaza central, el mercado e incluso el río polochic. Me decido por hacer un paseo dentro del pueblo y dejaré el río para mañana.
Caminado por el lugar me voy llenando de paz y me resulta increíble recordar que lamentablemente, sobre Panzós, no había escuchado otra cosa más que de la masacre a la que fue sometida el lugar durante la época del conflicto armado interno en Guatemala (una triste parte de la historia guatemalteca).
La noche comienza a caer y la escasa o nula iluminación eléctrica, que se ve compensada por candelas en los hogares y tiendas me permite contemplar de mejor manera un cielo nocturno en el que las estrellas y la luna parecen estar más cerca de la tierra que de costumbre.
Sin darme cuenta, la noche se va volando y me recuerdan que debo descansar. Buena idea, realmente me siento cansado.

En el Polochic
Como si nada, ha llegado uno nuevo día en el que me he levantado temprano para ir a trotar hacia la salida del pueblo y de manera atrevida, me interno hacia la cima de una montaña con la que en silencio, ya había aceptado el reto el día anterior.
A mi regreso, para mi buena fortuna, me espera un recorrido en canoa por las aguas del polochic.
Este es uno de los ríos más grandes de Guatemala que nace en las montañas de Cobán y se extiende hasta el Lago Izabal, alimentando también las aguas del río dulce.
Nos internamos unos cuantos kilómetros y vamos apreciando la magnificencia del paisaje que alcanza un realce espectacular con el paso de tres gansos que nos va tentando a pegarnos un chapuzón (en lo pachito porfa, porque la natación es una de esas cosas que nunca se me dio).
Ya más que bañados, vamos de regreso para Panzós donde me invitan a almorzar uno de los caldos de gallina más deliciosos que he probado (gallina de patio dicen las señoras). ¿Qué más puedo pedir?, creo que nada más. Hasta pronto Panzós!!.